La luz ambiental debe cubrir uniformemente sin cegar, aportando entre 100 y 200 lux en salas de estar, preferiblemente mediante lámparas de pie con pantalla, plafones difusos o líneas indirectas. El objetivo es sentir amplitud, leer gestos y orientarse, manteniendo sombras suaves que modelan los volúmenes con naturalidad, evitando techos planos desangelados y reflejos molestos sobre superficies brillantes.
Para cocinar, escribir o maquillar, la claridad focalizada entre 300 y 500 lux evita fatiga sin sacrificar ternura visual. Coloca tiras LED bajo muebles altos, baldas o espejos con bordes arenados, y usa ópticas que controlen deslumbramiento. Prioriza haces elípticos y difusores prismáticos que distribuyen luz útil, reducen destellos y respetan el resto del ambiente, preservando una atmósfera serena y coherente.
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